La Cumbre Cumbiambera reflexionó sobre la Cumbia como territorio vivo y memoria colectiva
La Fundación TAMBÓ realizó la XIII edición de la Cumbre Cumbiambera – Foro “Pensando la Cumbia”, un espacio anual de reflexión y diálogo alrededor de la tradición cumbiambera. La jornada, titulada “La Cumbia que nos trajo el Río”, tuvo lugar en el Cubo de Cristal de la Plaza de la Paz y reunió voces académicas, musicales y comunitarias para recorrer el cauce cultural del Río Magdalena, desde la Depresión Momposina hasta Bocas de Cenizas.
Este año, la Cumbre se articuló con la Feria Internacional del Libro de Barranquilla – FILBAC 2025, dedicada al pensamiento de Orlando Fals Borda, cuyas investigaciones fueron punto de partida para comprender la cumbia como expresión de identidad, memoria y territorio. El rey Momo de la Tradición, Lisandro Polo entregó una exaltación especial al Secretario de Cultura y Patrimonio, Juan Ospino.
La cumbia y su geografía espiritual
El sociólogo e historiador Edgar Rey Sinning destacó la importancia de comprender la cumbia desde los territorios y no solo desde las ciudades.
“Cuando hablamos del Caribe, no podemos pensar únicamente en las capitales. El Caribe profundo está en Cimití, El Banco, Santa Rosa del Sur, Río de Oro. Son esos pueblos los que han sostenido las tradiciones”.
Rey recordó que Fals Borda entendía la cumbia vinculada a los ríos y las dinámicas comunitarias:
“La pregunta que hacía Fals Borda sigue siendo clave: ‘¿Qué es primero: la cumbia o la tambora?’ Ambas nacen donde el río, la tierra y el trabajo compartido son el centro de la vida”.
La Depresión Momposina y la rueda que no se detiene
Por su parte, Luis Carlos Ramírez Lascarro, músico e investigador oriundo de Guamal, compartió la dimensión performativa y ritual de la cumbia en su región:
“La rueda de cumbia puede prolongarse por más de 12 horas. Si se interpretan cien piezas, apenas tres suelen ser gubias, por su complejidad y desgaste físico”.
También enfatizó la diferencia entre la cumbia vivida en comunidad y sus versiones escenificadas:
“La modalidad tradicional no tiene coreografía ni vestimenta obligatoria. Cada persona baila con libertad dentro de la rueda. Es distinto a las puestas de escena del teatro urbano”.
Para Ramírez, el reconocimiento formal sigue siendo un reto:
“Este legado tiene méritos suficientes para ser declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad. Pero aún falta avanzar en los procesos para lograr esa declaratoria”.
La cumbia como herencia espiritual
El comunicador y portador de tradición Helmer Antonio Vásquez Coll (Uxuriixeque Pariixawaa), integrante del pueblo Kaamash-hu, llevó la conversación hacia la dimensión ceremonial:
“El ciclo de cambio y armonía es un acto de cumplimiento espiritual y de fe. El sonido del tambor es liberador: atraviesa lo espiritual, los rezos y las fiestas”.
Vásquez destacó el rol de la mujer en la continuidad de la vida cultural:
“La mujer es el centro sagrado. Ella guarda la semilla. El paso de niña a mujer era acompañado por rituales comunitarios que reconocían su energía creadora”.
Y explicó la cosmovisión que sustenta esta herencia:
“La relación entre sol, luna y tierra sostiene la vida como ley sagrada. Ese equilibrio sigue vivo en nuestra memoria territorial”.
