Luis Carlos Ramírez Lascarro: “La cumbia en la Depresión Momposina revela la diversidad y profundidad de nuestras tradiciones”, invitado a la Cumbre Cumbiambera

Luis Carlos Ramírez Lascarro: “La cumbia en la Depresión Momposina revela la diversidad y profundidad de nuestras tradiciones”, invitado a la Cumbre Cumbiambera

Foto del investigador Luis Carlos Ramírez Lascarro.

Luis Carlos Ramírez Lascarro: “La cumbia en la Depresión Momposina revela la diversidad y profundidad de nuestras tradiciones”, invitado a la Cumbre Cumbiambera

 

Historiador y gestor cultural de Guamal, Magdalena, Luis Carlos Ramírez Lascarro participará en la XIII Cumbre Cumbiambera – Foro “Pensando la Cumbia”, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Barranquilla (FILBAC 2025), dedicada al maestro Orlando Fals Borda. En esta conversación, el investigador comparte los temas centrales de su charla “La Cumbia en la Depresión Momposina”, un recorrido por los sonidos, los músicos y las tradiciones que han hecho del río Magdalena el cauce natural de la cumbia, desde Guamal hasta Bocas de Cenizas.

Entrevista a Luis Carlos Ramírez Lascarro, historiador y gestor cultural de Guamal, Magdalena (Colombia).

Entrevistadora: Estamos en los preparativos de la Cumbre Cumbiambera, maestro. Quisiera preguntarle sobre su participación en este evento, que se realizará en el marco de la Feria del Libro de Barranquilla dedicada al maestro Orlando Fals Borda. ¿Podría contarnos cuál será su aporte en esta ocasión?

Luis Carlos Ramírez Lascarro:
La charla que voy a presentar se titula La cumbia en la Depresión Momposina. En ella hablaré sobre los principales actores culturales de nuestro territorio y destacaré la obra de dos escritores fundamentales: Gnecco Rangel Pava y Antonio Brugés Carmona, quienes, en las décadas de 1930 y 1940, fueron de los primeros en promover y defender la música costeña en el interior del país.

También abordaré la historia de los cañamilleros tradicionales de la región y de esas voces que han llevado la cumbia desde la orilla del río hasta escenarios internacionales. Haré énfasis en figuras como el maestro Pedro Ramayá Beltrán, oriundo de esta zona, quien en las décadas de 1950 y 1960 transformó la forma de interpretar nuestra música tradicional y la llevó a nuevos públicos.

Asimismo, hablaré del maestro Aurelio Fernández Guerrero, el único cañamillero tradicional que grabó con Totó la Momposina. De hecho, una de sus composiciones, El millo se modernizó, fue incluida en un álbum ganador del Premio Grammy Latino. Él ha sido el gran sostén de la tradición del millo en la región; de sus enseñanzas proviene la mayoría de los cañamilleros actuales.

Por supuesto, mencionaré también a intérpretes como Totó la Momposina, figura universal de la cumbia, y a compositores como José Barros y Julio Cueva, quienes han llevado nuestras músicas —entre ellas la cumbia— a reconocimiento mundial. Ese será, en resumen, el eje de mi intervención.


Entrevistadora: Qué interesante. Cuéntenos, ¿cómo nació su interés por investigar la cumbia en esta zona del país? ¿Cuál fue el impulso que lo llevó a desarrollar este trabajo?

Luis Carlos Ramírez Lascarro:
El impulso principal surgió en 2020, cuando la Fundación José Barros nos invitó a participar en los primeros talleres sobre la cumbia. En ese proceso notamos que existía un sesgo: se tendía a considerar la cumbia únicamente como un ritmo musical o una forma de baile. Sin embargo, en Guamal, la cumbia es mucho más que eso: es una práctica social.

Aquí, una “cumbia” —lo que en otros lugares llaman “cumbión” o “cumbiamba”— es un espacio comunitario donde la gente se reúne a bailar alrededor de los músicos. En el centro se coloca una mata de plátano, alrededor de la cual se ubican los intérpretes. Un pequeño corralito separa a los músicos de los bailadores, y luego un cordón de espectadores rodea a todos, integrando vendedores, familias y curiosos.

En esas ruedas, que pueden durar hasta 12 horas, se interpretan varios ritmos: perillero, porro tapao, porro jalao y, en menor medida, la cumbia. Curiosamente, aunque el ritmo que menos se toca es la cumbia, el espacio sigue llamándose así, porque representa una tradición más amplia que abarca distintas expresiones musicales.

Cuando asistimos a los talleres, mi hermano David —que es cañamillero— y yo notamos que en el Plan Especial de Salvaguardia de la Cumbia no se estaban incluyendo las distintas formas en que se vive este género. Por ejemplo, se excluían expresiones como la cumbia de acordeón de Plato o San Jacinto, o la cumbia en gaita. En Guamal, la cumbia tradicional se toca en caña de millo, mientras que en El Banco, por ejemplo, predominan las versiones orquestadas.

Por eso consideramos importante que esa diversidad quedara reflejada en el plan. A partir de ahí, comenzamos una investigación más profunda y, con el tiempo, publicamos el libro La cumbia en Guamal (Magdalena), que en realidad abarca toda la Depresión Momposina. En él hicimos un inventario de los cañamilleros tradicionales desde Talaigua Viejo hasta El Banco, incluyendo una tercera generación de músicos, algunos de Magangué y de otros municipios. Ese fue el origen de nuestra investigación.


Entrevistadora: Qué valioso conocer esa dimensión social y regional de la cumbia. Quisiera preguntarle también su opinión sobre el Grupo Tambó y su legado.

Luis Carlos Ramírez Lascarro:
El Grupo Tambó me parece fundamental por muchas razones. Aunque hace tiempo no vivo en Barranquilla, recuerdo que las últimas veces que asistí a La Noche de Tambó quedé impresionado. Siempre he dicho que es una de las ruedas de cumbia más grandes del mundo.

El formato del evento —con una tarima central rodeada por el público que baila a su alrededor— me recordó mucho a nuestras ruedas de Guamal. Es un espacio de encuentro muy similar, solo que a mayor escala y con una proyección de sonido que permite apreciar mejor la música.

Además, el maestro Lisandro Polo ha tenido la sensibilidad de abrir espacios a figuras tradicionales que antes no eran tan reconocidas. Por ejemplo, llevó al escenario al maestro Aurelio Fernández, quien hasta entonces solo había participado en desfiles o concursos más restringidos. Gracias a esa visibilidad, mucha gente conoció su trabajo.

Lisandro también apoyó la postulación del maestro Aurelio al Premio Vida y Obra del Ministerio de Cultura, enviando una carta de respaldo que fue fundamental. Su compromiso con los maestros tradicionales es admirable.

A esto se suma su esfuerzo por mantener un evento tan grande con recursos limitados, lo cual no es fácil. Y, más allá de los eventos, el grupo ha continuado produciendo música nueva, como las colaboraciones con el maestro Aníbal Velásquez, en las que no solo preservan la tradición, sino que la renuevan con composiciones actuales. Eso me parece esencial: mantener viva la tradición sin dejarla congelada en el tiempo.


Entrevistadora: Finalmente, maestro, ¿qué mensaje quiere enviar al público que asistirá a la Cumbre Cumbiambera?

Luis Carlos Ramírez Lascarro:
Quisiera invitar a todos a que nos acompañen y descubran otra cara de la cumbia, a conocer otros actores y tradiciones diferentes a las del Atlántico, pero que también han nutrido el Carnaval de Barranquilla y la cumbia del Caribe colombiano. Los esperamos para compartir esta historia viva de nuestra música y nuestra identidad.

Luis Carlos Ramírez Lascarro

Guamal, Magdalena, Colombia,

Historiador y gestor patrimonial, egresado de la Universidad del Magdalena y maestrante en Escrituras Audiovisuales en la misma institución.

Es autor de los libros Confidencia: Cantos de dolor y de muerte (2025); Evolución y tensiones de las marchas procesionales de los pueblos de la Depresión Momposina: Guamal y Mompox (en coautoría con Xavier Ávila, 2024); La cumbia en Guamal, Magdalena (en coautoría con David Ramírez, 2023); El acordeón de Juancho (2020); y Semana Santa de Guamal, Magdalena, una reseña histórica (en coautoría con Alberto Ávila Bagarozza, 2020).

Ha escrito las obras teatrales Flores de María (2020), montada por el colectivo Maderos Teatro de Valledupar, y Cruselfa (2020), monólogo coescrito con Luis Mario Jiménez, quien también lo representa.

Su trabajo poético ha sido incluido en antologías como Quemarlo todo (2021), Contagio poesía (2020), Antología Nacional de Relata (2013), Tocando el viento (2012), Con otra voz y Poemas inolvidables (2011), Polen para fecundar manantiales (2008) y Poesía social sin banderas (2005). En el campo de la narrativa, figura en Elipsis internacional y Diez años no son tanto (2021).

Como articulista y editor, ha colaborado con las revistas Hojalata, María Mulata (2020), Heterotopías (2022) y Atarraya Cultural (2023). Además, ha participado en todos los números de la revista La gota fría (No. 1, 2018; No. 2, 2020; No. 3, 2021; No. 4, 2022; No. 5, 2023; No. 6, 2024 y No. 7, 2025).

Ha sido conferencista invitado en diversos eventos académicos y culturales, entre ellos:

  • Ciclo de conferencias “Hablando del Magdalena” de Cajamag (2024), con el conversatorio Conversando nuestra historia guamalera;
  • Conversatorio “Aproximaciones históricas a las marchas procesionales de los pueblos de la Depresión Momposina: Guamal y Mompox” (2024);
  • Primer Congreso de Historia y Patrimonio de la Universidad del Magdalena (2023), con la ponencia La instrumentalización de las fuentes históricas en la construcción del discurso hegemónico de la vallenatología;
  • VI Encuentro Nacional de Investigadores de la Música Vallenata (2017), con la presentación Julio Erazo Cuevas, el juglar guamalero;
  • y el Foro Vallenato Clásico (2016), en el marco del 49º Festival de la Leyenda Vallenata, con la ponencia Zuletazos clásicos.

Ha ejercido como corrector estilístico y ortotipográfico en El vallenato en Bogotá, su redención y popularidad (2021) y Poesía romántica en el canto vallenato: Rosendo Romero Ospino, el poeta del camino (2020), obra en la que también participó como prologuista.

Entre sus labores de gestión cultural, destaca la postulación del maestro cañamillero Aurelio Fernández Guerrero a la convocatoria Trayectorias 2024 del Ministerio de Cultura, en la cual resultó ganador. Participó como asesor externo en la elaboración del Plan Especial de Salvaguardia (PES) de la Cumbia Tradicional del Caribe Colombiano (2023) y lideró la postulación de las Procesiones de Semana Santa de Guamal, Magdalena a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial (LRPCI) del ámbito departamental (2021), obteniendo la aprobación para la realización del PES en 2023, actualmente en proceso.

Sus artículos y estudios han sido citados en investigaciones académicas como la tesis Rafael Manjarrez: el vínculo entre la tradición y la modernidad (2021); el libro Poesía romántica en el canto vallenato: Rosendo Romero Ospino, el poeta del camino (2020); y la tesis El vallenato de “protesta”: la obra musical de Máximo Jiménez (2017).

 

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