“Amaakubiié: la memoria viva del pueblo Kaamash-hu”
Entrevista con Helmer Vásquez, custodio del legado ancestral en Barranquilla
Helmer Antonio Vásquez Coll, conocido en su reivindicación cultural, pertenece a la línea ancestral Kaamajú. Desde Tumbará, donde dirige el Museo de la Memoria Caribe, trabaja por recuperar la historia y espiritualidad de los pueblos originarios asentados en lo que hoy se conoce como Barranquilla. “Soy periodista egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano”, cuenta, con más de 25 años de trayectoria como realizador audiovisual en proyectos culturales y ambientales. Entre ellos destaca Tacasuán, producido junto a Telecaribe, y la serie Caribe Afro, compuesta por 14 documentales.
Explica que el origen se encuentra en los Kaamash-hu, también llamados por los españoles “indios Camacho”, según registros de 1549. “Camacho significa seres emergidos de U”, señala, precisando que su lengua originaria es el uruc.
Desde la memoria oral de su linaje, heredada de su abuelo Camilo Coll Castro, último gran gobernador del territorio, Vásquez reivindica la existencia de un sistema social, espiritual y lunar profundamente conectado con el entorno. “Nuestros pueblos tenían intercambios en todos los niveles”, comenta al describir las antiguas redes de intercambio con los territorios Tayrona, de Mompox y con los productores de oro zenúes y taironas, a quienes llamaban “las lágrimas del sol”.
El sentido del Amaakubiié
Su participación en la Cumbre Cambera giró en torno al Amaakubiié, un concepto que traduce como “la siembra de la cosecha”. “Es la fiesta de la cosecha, lo que los abuelos ancestrales hacían a la llegada de la montaña sagrada azul”, explica. Allí se reunían los pueblos de la periferia para celebrar los ciclos solares y lunares, presentar ofrendas y agradecer por la abundancia.
En ese contexto, describe rituales dedicados a las jóvenes que llegaban a su primer ciclo lunar, quienes eran presentadas en ceremonias de profundo simbolismo espiritual. Estos encuentros estaban ligados al reconocimiento del territorio físico y espiritual, llamado Nahú o es territorio físico y también territorio espiritual”, aclara.
La música también ocupaba un lugar central: “El Jaguar es un elemento ritual con un tambor sagrado que se llama, el tambor del corazón”, detalla. Este sonido representaba la conexión entre la naturaleza, el sol y la tierra.
Para Vásquez, incluso el origen de la cumbia debe revisarse desde esta tradición prehispánica. “El nombre fue cambiado; el nombre originario es Amaakumbije”, afirma, y lo deletrea pacientemente: Maakumbbihe, o simplemente Akun Bige, donde Arah significa pueblo, Kun espíritu solar-lunar y Bige semilla sagrada.
El aporte de Tambó y la resistencia cultural
Consultado sobre el aporte del grupo Tambó al patrimonio caribeño, Vásquez es contundente: “Ha sido una fuerza que se ha mantenido en el tiempo, como guerreros de esa frecuencia”. Resalta su constancia en un país donde “la cultura es la hija huérfana del Estado”. Para él, el trabajo del grupo es “patrimonio físico, oral y de una memoria ancestral que merece respeto”.
Una memoria que sigue floreciendo
Antes de despedirse, Vásquez destacó que su participación en la Cumbre Cambera es apenas una puerta de entrada para comprender una cosmovisión compleja y vigente. Su misión, afirma, es seguir sembrando la palabra de sus abuelos para que estas memorias no se pierdan: “Es la realidad nuestra, la que los abuelos sembraron en nuestra memoria”, concluyó.
