La cumbia como destino: la visión de David Britton y el legado vivo del Grupo Tambó
La cumbia como destino: la visión de David Britton y el legado vivo del Grupo Tambó

La cumbia como destino: la visión de David Britton y el legado vivo del Grupo Tambó

Foto de David Britton.

La Cumbia como destino: la visión de David Britton y el legado vivo del Grupo Tambó

Para el realizador audiovisual y documentalista David Britton, la cumbia no es únicamente un género musical ni una manifestación folclórica anclada al pasado. Es, ante todo, un destino cultural, un territorio simbólico sin fronteras geográficas pero con identidad propia, gobernanza, ciudadanía y memoria. Una idea que, según cuenta, surgió en una conversación dominical con el maestro Lisandro Polo, y que hoy se convierte en una poderosa metáfora para entender la trascendencia de la cumbia y el papel fundamental que ha jugado el Grupo Tambó en su preservación, proyección y resignificación dentro del Carnaval de Barranquilla.

Britton, reconocido por su trabajo etnográfico y cultural para instituciones como el Museo del Caribe y el Museo de Arte Moderno de Barranquilla, plantea que la cumbia puede pensarse como cualquier gran destino del mundo: se viaja a ella, se la recorre, se la siente y, para quienes logran una conexión profunda, se convierte en un lugar de pertenencia.

El “destino cumbia”: un país sin fronteras

“La metáfora nace de algo muy simple”, explica Britton. “Cuando compras un tiquete aéreo, siempre hay un destino: Barranquilla, Bogotá, Madrid o Miami. Entonces pensé: ¿qué pasaría si alguien comprara un tiquete para viajar al destino cumbia?”. En esa imagen, la cumbia se transforma en un país simbólico que se establece no a partir de límites políticos, sino desde la sonoridad, el movimiento, el ritmo y el gozo colectivo.

Ese destino no aparece en los mapas convencionales, pero sí en la memoria sensorial de quienes lo habitan. Tiene representación sonora, corporal y emocional; una trazabilidad humana que se construye a través de intérpretes, danzantes, músicos, investigadores y comunidades enteras que la mantienen viva. En ese territorio, conviven la historia y el presente, lo ancestral y lo contemporáneo.

Los “presidentes” de la cumbia y la historia sonora

Como todo país, el destino cumbia tiene una historia y figuras que han marcado su rumbo. Britton los llama, metafóricamente, sus “presidentes”: maestros y creadores que sentaron las bases del género y lo proyectaron a nuevas dimensiones. Nombres como Lucho Bermúdez, Pacho Galán, Pedro Ramayá, Andrés Landero y José Benito Barros aparecen como líderes de distintas eras, responsables de consolidar una identidad sonora que hoy es patrimonio cultural.

Cada uno de ellos aportó elementos que ampliaron el lenguaje de la cumbia, permitiendo que el género dialogara con distintos contextos sociales y épocas sin perder su esencia. Esa continuidad histórica es clave para entender por qué la cumbia no se agota ni se fosiliza: se transforma, se adapta y se proyecta.

Grupo Tambó: pilares de un Estado cultural

En ese recorrido histórico, David Britton ubica al Grupo Tambó como una institución fundamental del destino cumbia. Más que una agrupación musical, Tambó representa una estructura de sostenimiento cultural. “Así como las columnas romanas eran pilares de la justicia, Tambó es un pilar de la cumbia”, afirma.

Su nombre no es casual: tambó, con “b”, remite a lo arquitectónico, a la base que sostiene. Y eso es justamente lo que han hecho durante más de tres décadas: sostener, preservar y dinamizar la cumbia en medio de una ciudad en constante transformación.

Tambó ha logrado algo poco común: mantener viva una tradición sin aislarla del presente. Ha sabido recoger las sonoridades que habitan dentro de la urbe barranquillera y, al mismo tiempo, integrar los sonidos que llegan desde otras latitudes del Caribe, especialmente a través del río Magdalena, ese gran corredor cultural de Colombia.

La Noche de Tambó: exportación cultural del destino cumbia

Dentro de esa estructura, la Noche de Tambó se convierte en un hito. Para Britton, es el principal producto de exportación del destino cumbia: un punto de encuentro que funciona como epicentro simbólico, una especie de latitud y longitud cero donde la cumbia se manifiesta como identidad, pasaporte y experiencia compartida.

La Noche de Tambó no solo convoca músicos y bailarines; convoca ciudadanos de la cumbia. Allí, quien llega solicita, de manera simbólica, una “visa”: el derecho a participar del gozo, del movimiento y de la experiencia sensorial que ofrece este territorio cultural. No se trata de un trámite burocrático, sino de una disposición emocional y corporal: conocer la cumbia, reconocerla y asumirla como propia.

Ciudadanos de la cumbia: del gozo a la pertenencia

En la visión de Britton, no todos los visitantes del destino cumbia alcanzan el mismo nivel de pertenencia. Algunos son soneros, otros cumbiamberos, y unos pocos se convierten en ciudadanos de la cumbia. Estos últimos han integrado el ritmo a su forma de sentir, pensar y habitar el mundo.

El destino cumbia ofrece, en primera instancia, cobijo: una sensación de abrigo similar a la del vientre materno. Desde allí se desarrollan experiencias fundamentales como la felicidad, el disfrute, la tranquilidad y el gozo. A través de los sentidos —el oído, la piel, el olfato, la observación— se forma un vínculo profundo que trasciende lo musical.

La cumbia como espacio-tiempo sin fronteras

Para Britton, uno de los mayores valores de la cumbia es su capacidad de romper las nociones tradicionales de espacio y tiempo. La cumbia existe en todo el continente americano, desde el norte hasta el sur, con variaciones y matices que la enriquecen. Sin embargo, es en Colombia, y especialmente en Barranquilla, donde se articula una cumbia que dialoga entre lo antiguo, lo contemporáneo y lo proyectivo.

Esa flexibilidad permite que la cumbia sea habitada por músicos, poetas, periodistas, investigadores, niños, jóvenes y adultos. Es un destino abierto, accesible, aunque exigente en lo esencial: sentirla, vivirla y respetarla.

Tradición, archivo y futuro

Otro de los grandes aportes del Grupo Tambó, según Britton, es su trabajo de registro y archivo. Cada rueda de cumbia, cada conversatorio, cada presentación se convierte en un documento vivo que podrá ser consultado por futuras generaciones de investigadores, antropólogos y gestores culturales.

Además, Tambó ha entendido la importancia de sembrar el relevo generacional. Espacios como “Que no muera la cumbia”, la participación infantil y juvenil, y los encuentros de decimeros —que Britton define como conversaciones poéticas más que competencias— garantizan que el destino cumbia siga creciendo.

Un legado inscrito en la historia

Si la historia se escribiera en jeroglíficos, dice Britton, el legado del Grupo Tambó estaría grabado como un tambor de cuero templado, resonando en medio del Carnaval de Barranquilla. Un símbolo de resistencia cultural, de continuidad y de celebración colectiva.

Después de más de 30 años consecutivos de presencia en la Plaza de la Paz, Tambó no solo ha consolidado una tradición: ha creado un Estado cultural dentro del Carnaval, un espacio donde la cumbia no es espectáculo, sino experiencia vital.

La cumbia como latido

En última instancia, la visión de David Britton nos invita a comprender la cumbia no como un objeto de consumo cultural, sino como un latido compartido. Un destino al que se llega con el cuerpo, los sentidos y la memoria. Un territorio donde el pasado dialoga con el presente y proyecta futuro.

Viajar al destino cumbia no requiere pasaporte ni frontera. Solo exige una condición esencial: dejarse llevar.

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